La transformación digital no consiste solamente en poner los trámites en Internet

Hablar de transformación digital en una región como Ayacucho implica ir mucho más allá de incorporar computadoras, crear plataformas web o trasladar un trámite presencial a un formulario digital.

La verdadera transformación digital supone revisar cómo funcionan las instituciones, cómo se toman decisiones, cómo se prestan los servicios públicos y cómo se relacionan el Estado, las empresas y la ciudadanía.

Esta diferencia es fundamental.

Digitalizar un trámite significa, en términos sencillos, llevar una parte de un proceso existente al entorno digital. Transformarlo digitalmente implica preguntarnos primero si ese proceso está correctamente diseñado, si genera valor para el ciudadano, cuánto tiempo demanda, qué información solicita, cuántos pasos requiere, qué instituciones intervienen y qué puede simplificarse, integrarse o automatizarse.

En otras palabras:

Digitalizar un proceso deficiente no necesariamente lo convierte en un buen proceso. Puede simplemente convertirlo en un proceso deficiente digitalizado.

Ese debería ser uno de los puntos centrales de la conversación sobre el futuro digital de Ayacucho.


Ayacucho ya está avanzando en gobierno digital

Es importante reconocer que este proceso no parte de cero.

El Gobierno Regional de Ayacucho cuenta con un Plan de Gobierno y Transformación Digital para el periodo 2023-2026, aprobado mediante Resolución Ejecutiva Regional N.° 499-2023-GRA/GR.

Asimismo, la Oficina de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (OTIC) del Gobierno Regional señala entre sus funciones el impulso de la transformación digital institucional y reporta proyectos relacionados con la gestión documental y la información georeferenciada.

Uno de los desarrollos actuales es SIDWARI, Sistema Integral Documentario WARI, orientado a modernizar la gestión documental. De acuerdo con la información publicada por el propio Gobierno Regional, la plataforma incorpora funcionalidades como firma digital, trazabilidad de expedientes, integración con la Plataforma de Interoperabilidad del Estado (PIDE), mesa de partes digital y archivo digital.

También existe un portal de mesas de partes virtuales que integra diferentes unidades ejecutoras y permite la presentación digital de documentos.

Estos avances son importantes porque muestran que la infraestructura institucional para avanzar hacia un gobierno digital ya está desarrollándose.

El desafío siguiente es más amplio.


El siguiente paso: transformar los procesos

La pregunta que deberíamos hacernos ya no es solamente:

¿Qué trámite podemos digitalizar?

También deberíamos preguntar:

  • ¿Este trámite realmente necesita todos los pasos actuales?
  • ¿El ciudadano tiene que presentar información que otra entidad pública ya posee?
  • ¿Cuántas veces se registra la misma información?
  • ¿Cuánto tiempo demora realmente el proceso?
  • ¿Qué actividades pueden automatizarse?
  • ¿El ciudadano puede conocer en qué etapa se encuentra su expediente?
  • ¿Los diferentes sistemas pueden intercambiar información?
  • ¿La plataforma es accesible para personas con diferentes capacidades?
  • ¿Los servidores públicos cuentan con las competencias necesarias?
  • ¿Tenemos indicadores para saber si la digitalización está generando resultados?

Esta mirada cambia completamente el enfoque.

La tecnología deja de ser el punto de partida y pasa a convertirse en un instrumento para resolver problemas concretos de gestión pública.


De la digitalización a la transformación digital

Una forma sencilla de entender esta evolución es observar tres niveles:

1. Digitalización

Se convierte un documento físico en un documento digital.

Por ejemplo, pasar de presentar un expediente en papel a cargar un archivo PDF.

2. Digitalización de procesos

Se incorporan herramientas tecnológicas para gestionar distintas etapas del trámite.

Por ejemplo, registro digital, derivación, seguimiento, firma electrónica, notificaciones y archivo.

3. Transformación digital

La institución rediseña el proceso desde la perspectiva del ciudadano y utiliza tecnología, datos e interoperabilidad para ofrecer un servicio más sencillo, rápido, transparente y eficiente.

La diferencia puede parecer conceptual, pero tiene consecuencias prácticas.

La transformación digital comienza con el proceso y el problema; la tecnología viene después.

Gobierno Regional de Ayacucho

Una Agenda Regional de Transformación Digital 2026-2031

Desde una perspectiva de innovación digital, considero pertinente abrir una discusión técnica sobre la construcción de una Agenda Regional de Transformación Digital 2026-2031, que permita dar continuidad a los avances existentes y establecer una hoja de ruta de mediano plazo.

No se trataría simplemente de elaborar otro documento institucional.

La agenda debería traducirse en objetivos, proyectos, indicadores, responsables, presupuesto y mecanismos de seguimiento.

Además, debería estar articulada con las políticas nacionales existentes.

La Política Nacional de Transformación Digital al 2030, aprobada mediante el Decreto Supremo N.° 085-2023-PCM, establece seis objetivos prioritarios relacionados con conectividad, economía digital, gobierno digital, talento digital, confianza digital e innovación digital.

La propia política nacional plantea una lógica de articulación entre el Estado, el sector privado, la academia, la sociedad civil y la ciudadanía.

Por ello, una agenda regional no tendría que desarrollarse de manera aislada.


¿Qué debería contener esta agenda?

Desde mi perspectiva profesional, una agenda de transformación digital regional podría organizarse alrededor de varios componentes.

1. Servicios públicos centrados en las personas

El objetivo debería ser que el ciudadano no tenga que comprender la estructura interna del Estado para poder acceder a un servicio.

La organización institucional es importante para la administración pública, pero la experiencia del ciudadano debería ser mucho más sencilla.

Esto implica revisar trámites, formularios, requisitos, tiempos de respuesta, canales de atención y mecanismos de seguimiento.


2. Interoperabilidad

Una transformación digital madura requiere que los sistemas puedan comunicarse entre sí.

La pregunta debería ser:

¿Por qué el ciudadano tiene que entregar varias veces la misma información que el Estado ya posee?

La interoperabilidad puede reducir duplicidades y facilitar el intercambio de información entre entidades, siempre dentro de los marcos legales y de seguridad correspondientes.

La PNTD (Política Nacional de Transformación Digital al 2030 del Perú) incorpora precisamente el desarrollo de servicios públicos digitales y la articulación del ecosistema digital como parte de su marco de acción.


3. Gestión basada en datos

Una administración moderna necesita información para decidir.

Esto significa avanzar desde sistemas que simplemente almacenan información hacia sistemas que permitan analizarla y utilizarla para la toma de decisiones.

La aprobación en 2026 de la Estrategia Nacional de Gobierno de Datos 2026-2030 muestra que esta dimensión está adquiriendo un papel específico dentro de la agenda nacional de transformación digital.

Para Ayacucho, esto abre oportunidades en ámbitos como:

  • Desarrollo económico;
  • Turismo;
  • Agricultura;
  • Salud;
  • Educación;
  • Infraestructura;
  • Transporte;
  • Inversión pública;
  • Gestión territorial;
  • Promoción empresarial.

4. Talento y cultura digital

No existe transformación digital sostenible si solamente se compran plataformas.

También es necesario desarrollar las capacidades de las personas que utilizarán, gestionarán y mejorarán esas herramientas.

La PNTD contempla el talento digital como uno de sus seis objetivos prioritarios.

Esto significa trabajar con funcionarios, servidores públicos, empresarios, profesionales, estudiantes y ciudadanos.

Y aquí existe una oportunidad particularmente importante para Ayacucho:

la formación digital no debería limitarse a especialistas informáticos.

Un administrador debería saber utilizar herramientas de análisis y automatización.

Un profesional de turismo debería comprender los sistemas de comercialización digital.

Un funcionario debería saber interpretar datos.

Un empresario debería poder utilizar inteligencia artificial para mejorar su productividad.

Un investigador debería manejar herramientas digitales para analizar información.

La transformación digital es transversal.


Tecnología sí, pero con propósito

Uno de los riesgos de cualquier proceso de modernización tecnológica es confundir adquisición de tecnología con innovación.

Comprar un software no necesariamente significa innovar.

Crear una aplicación tampoco.

Digitalizar un formulario tampoco.

La pregunta fundamental debería ser:

¿Qué problema queremos solucionar y qué resultado esperamos obtener?

A partir de esa pregunta podemos determinar si necesitamos una plataforma, automatización, inteligencia artificial, interoperabilidad, análisis de datos, rediseño de procesos o simplemente una mejora organizacional.

Esta perspectiva permite utilizar los recursos públicos con mayor racionalidad y evita implementar tecnología únicamente porque está disponible.


¿Cómo medir una verdadera transformación digital?

Una Agenda Regional de Transformación Digital debería incorporar indicadores concretos.

Por ejemplo:

Tiempo de atención

¿Cuánto demoraba anteriormente un trámite y cuánto demora después de la transformación?

Costo del proceso

¿Cuánto cuesta para la institución y cuánto cuesta para el ciudadano?

Número de pasos

¿Cuántas etapas fueron eliminadas, simplificadas o automatizadas?

Uso de servicios digitales

¿Qué porcentaje de ciudadanos utiliza realmente los canales digitales?

Satisfacción

¿Cómo evalúan los usuarios el nuevo servicio?

Interoperabilidad

¿Cuántos procesos intercambian información automáticamente con otras entidades?

Capacidades digitales

¿Cuántos servidores públicos han desarrollado competencias relevantes?

Disponibilidad

¿Los servicios digitales están disponibles cuando el ciudadano los necesita?

De esta manera, la transformación digital deja de medirse por el número de computadoras, plataformas o aplicaciones implementadas y empieza a medirse por los resultados que producen.


Una transformación que involucre a toda la región

La transformación digital regional tampoco debería limitarse a la sede central del Gobierno Regional.

Ayacucho está conformado por provincias, distritos, municipalidades, unidades ejecutoras, instituciones educativas, establecimientos de salud, empresas, universidades, organizaciones sociales y ciudadanos con diferentes niveles de acceso y capacidades digitales.

Por eso, una agenda regional debería contemplar una perspectiva territorial.

El objetivo no debería ser solamente construir un Gobierno Regional digital, sino contribuir progresivamente a construir un Ayacucho digital.

Eso implica conectar la transformación del sector público con:

empresa + academia + ciudadanía + innovación + productividad + territorio.


La oportunidad de construir una agenda compartida

Desde mi experiencia en innovación digital, marketing, comercio electrónico y transformación digital, y también desde mi participación en el ámbito empresarial regional, considero que este debate merece ser abordado desde una perspectiva técnica, plural y colaborativa.

No se trata de plantear que la tecnología resolverá por sí sola los problemas de Ayacucho.

Tampoco de asumir que todas las instituciones tienen las mismas necesidades.

Se trata de reconocer que la transformación digital puede convertirse en una herramienta de modernización institucional, competitividad y mejora de servicios cuando se articula con objetivos claros y problemas concretos.

Por ello, una eventual Agenda Regional de Transformación Digital 2026-2031 podría construirse mediante la participación de:

  • Gobierno Regional;
  • municipalidades;
  • universidades e institutos;
  • CámaraS de Comercio;
  • empresas y organizaciones empresariales;
  • colegios profesionales;
  • instituciones públicas;
  • organizaciones de la sociedad civil;
  • especialistas en tecnología e innovación;
  • ciudadanía.

El propósito sería identificar problemas, priorizar intervenciones, desarrollar proyectos piloto, medir resultados y escalar aquellas soluciones que demuestren utilidad.


La transformación digital como política de desarrollo regional

Ayacucho ya cuenta con instrumentos y experiencias sobre los cuales construir.

El Gobierno Regional tiene un Plan de Gobierno y Transformación Digital 2023-2026 y actualmente desarrolla herramientas como SIDWARI y plataformas de atención digital.

A nivel nacional existe además una Política Nacional de Transformación Digital al 2030 que establece objetivos e instrumentos para orientar este proceso.

El reto, por tanto, no consiste simplemente en empezar a digitalizar.

El reto es dar el siguiente paso.

Pasar de proyectos tecnológicos aislados a una visión regional.

Pasar de digitalizar documentos a transformar procesos.

Pasar de almacenar información a utilizar datos para decidir.

Pasar de capacitar en herramientas a desarrollar talento digital.

Y, sobre todo, pasar de considerar la transformación digital como un asunto exclusivamente tecnológico a entenderla como una dimensión transversal del desarrollo regional.

Ayacucho no necesita solamente más tecnología. Necesita utilizar mejor la tecnología para resolver sus problemas, mejorar sus servicios, fortalecer su economía y generar nuevas oportunidades para sus ciudadanos.

Ese es, precisamente, el desafío de pensar una transformación digital regional con horizonte 2026-2031.


Sobre el autor

Iván Bejarano Olivares es consultor en innovación digital, transformación digital, marketing, comercio electrónico e inteligencia artificial aplicada. Es administrador, magíster y cuenta con experiencia en proyectos de digitalización, estrategia, capacitación y desarrollo empresarial. Actualmente se desempeña como vicepresidente de la Cámara Regional de Comercio de Ayacucho y desarrolla consultorías y capacitaciones dirigidas a empresas, profesionales e instituciones.